
Esta tarde, en esos ratos en los que miras por la ventana sin mirar nada, mientras la pila de folios te espera en cuanto bajas la vista, he pensado en ti... He cogido el móvil, te he mandado un mensaje y tu respuesta me ha hecho sonreir en silencio, una vez más.
Qué curiosa la vida: porque no era predecible, quizás ni nosotras mismas imaginábamos acabar así, leyendonos las mentes y riendonos sin más palabras, pero cada día que pasa me siento más orgullosa de que estés en mi vida, de que evolucionemos juntas y de que seas como eres, de que seamos como somos.
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