viernes, 25 de noviembre de 2011

La Excepción.

Mi madre siempre repite ese sabio refrán que tanto trabajo y tiempo me costó entender: perdona pero no olvides.

Hay personas que te dañan, que traspasan tu barrera y te rasgan en lo más hondo. Y tú, que has aprendido bien la lección, tapas como puedes la herida y sigues adelante, pero teniendo siempre presente la cicatriz. Siempre presente, porque en un mínimo momento de descuido pueden volver a traspasarte, puede volver a doler.
Pero como toda regla general, hay excepciones. Pocas, pero suficientes. Cuando pesa más el cariño, cuando todo lo vivido se impone al momento presente, y cuando no hay sustitución posible. Cuando realmente merece la pena.

Permite que seamos la excepción, como siempre lo hemos sido. Porque cuando hay amor del bueno y ganas, sobra lo demás. Porque hay cosas que nunca cambian y, si cambian, siempre es a mejor.


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