
Me encanta ver como mis Adidas se van desgastando poco a poco. Creo que es más emocionante que cuando me los puse por primera vez, con el olor a material nuevo, los cordones blancos y las suelas impolutas. Pero prefiero verlos envejecer, ver como el blanco se oscurece y las suelas se desgastan. Porque cuanto más envejecen ellos, más crece mi resistencia; cuanto más envejecen, mejor me siento.
Qué alegría de vejez aquella que es directamente proporcional al bienestar de otro... De cualquier forma, aún nos quedan muchos momentos del día por compartir, muchas horas de batería de Zipy que gastar... mientras sea así, seguirá mereciendo la pena envejecer.
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