domingo, 1 de mayo de 2011

Mother


Recuerdo que minutos antes de salir seguía mirándose al espejo, retocándose el pelo como sólo ella sabe hacerlo.
Con delicadeza enreda sus propios dedos sobre los rizos que cubren su cabeza, dándoles el toque especial que siempre sabe darles. Con sumo cuidado desliza el lápiz carmín sobre sus rosados labios…

Todos en la casa están listos para salir, esperándola, mientras ella termina de mirarse al espejo. Y sin que ella se percate, dejando apenas ver mi pequeña nariz por el quicio de la puerta, me encuentro yo observándola, como si la viera por primera vez. Recuerdo cuánto me gustaba esperar a que terminase aquel ritual que siempre repetía antes de salir de casa, y entrar en esa habitación justo cuando ella salía, con la idea de llevarme el vestigio de su perfume conmigo, de oler igual que ella.

Precisamente eso era lo que yo buscaba apoyada en aquel quicio, grabar en mi mente todos sus movimientos para después robarle los tacones y el carmín y jugar con mi infantil imaginación a ser igual que ella...

Hoy que es día de felicitarte y agradecerle a la vida que me haya tocado a mí ser fruto de tu vientre, me doy cuenta de que no hay día en el año que no deba hacerlo. Y es que amor de madre es igual a amor verdadero, del que nunca se acaba, del que nunca dudas… Con el tiempo he comprendido que no nos equivocamos al decir: “Una madre es una madre”, porque no tiene más sinónimos, más comparación.

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