No es raro que a veces nos apetezca saltar. Lanzarnos con los ojos cerrados sin pensar en lo que dejamos arriba del precipicio.
Últimamente la monotonía se apodera de mi tiempo y cierro los ojos con frecuencia, con más de la que me gustaría.
Y la inspiración que tantas veces me persigue, desaparece, dejando sólo vacío.
Quizás sea sólo cuestión de tiempo, quizás el otoño, la lluvia y las hojas caídas ayudan a que dejemos de pensar, o a que pensemos demasiado.
A pesar de todo, soy optimista... el invierno está a la vuelta de la esquina.
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