Querido Nadie:
Hoy me he sentido igual que tú... sin identidad. El tiempo que paso contigo está acostumbrándome a eso, a la soledad que de cuando en cuando apetece, pero que en dosis elevadas asusta. Y hoy, a pesar de la música de fondo, a pesar de los diálogos que brotaban de la caja tonta y a pesar de las caras familiares... he sentido ese frío en mi espalda y, si, por primera vez en mucho tiempo, he sentido miedo: miedo de ser Nadie, en toda la magnitud de su significado.
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