
Me encanta la palabra señorita.
Sobre todo si es referida a mi.
Por la calle, un desconocido me sonríe:_ Disculpe señorita. En la Facultad una profesora me coge del brazo para que me aproxime al hablarle:_ Dígame señorita. En la cola del cine, una madre le dice al niño:_ Deja que pase la señorita.
Es una palabra tan discreta, femenina, pequeña y poderosa. No me llaman por mi nombre, ni lo conocen, ni les interesa, pero se refieren a mi con esa exactitud y respeto, y a mi me complace escuchar la palabra, disfrutarla. Me miran personas desconocidas, como si no fuera yo, con todos mis detalles, sino solo un ente, una mujer joven, cuya personalidad y circunstancias admite cualquier posibilidad. Cuando alguien me llama señorita, me siento nueva, como cuando conoces a alguien que te mira como si fueras muy interesante. Y me vuelvo interesante por un momento,siendo solo eso: una señorita.
Pues verás cuando pasen unos años...y te digan "que desea señor?"(en tu caso señora)aunque si te sirve de consuelo a mi empesaron a llamarme así en la treintena, así que a ti aún te queda.saludos
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